Gustavo García y mi gusto por el cine

foto opinión ivan

 

Yo siempre fui un niño bastante inquieto. Pero sobre todo quise ser un niño que cuando empezaba a descubrir cosas quería saber todo de ello. Me paso con los comics y la lectura. Me paso con los videojuegos y mi Atari. Y me paso con el cine… y lo poco que podía ver y entender. Muchos se burlan de que “Volver al futuro” (1985) sea mi película favorita… por algo tenía que empezar digo yo.

Y mientras crecía, las películas que veía tenían que ser más complicadas, con un buen reto para entenderle. Nunca le tuve miedo a ver una película que se veía aburrida, porque yo creía que debían de tener algo en su trasfondo que me llamara la atención, que hicieran que este reto creciera. “El nombre de la rosa” y “Cinema Paradiso” fueron mis victorias favoritas hasta los 12 años.

Fue ahí cuando, en el Canal 11, un hombre con barba de canas visibles tenía un pequeño programa en el cual ponía reseñas de ciertas cintas que se verían en la semana a las 10 de la noche todos los días. Ese hombre se llamaba Gustavo García, y el tipo tenia la misma pasión por el celuloide que yo. Solo que la diferencia era la impresionante cantidad de datos, directores, actores, locaciones y fechas de producción. Pero no eran las típicas películas hollywoodenses, era la historia de la industria hecha palabra.

Con el recibí la primera reseña de “Lawrence de Arabia” (1962) con Peter O’Toole y Omar Shariff. La pasarían el viernes de esa semana y la forma en cómo conto la aventura del gran rebelde árabe que defendía su tierra ante la invasión del imperio otomano que había sido aliado de los alemanes en la Primera Guerra Mundial. Mi primer acercamiento a los clásicos del cine mundial, y jamás lo olvidare. Ahí empecé a devorar todo lo que el cine y el Canal 11 me daban gratuitamente.

Entonces lo vivi… la Casablanca de Bogart, la gran actuación de Orson Welles en “El tercer hombre” (1949), el momento sublime de la Nagisa Oshima en la escena sensual y terrible de “El imperio de los sentidos” (1976), aquel cinismo de Clark Gable en el clásico de Capra “Sucedió una noche” (1934), Fellini y la cámara coqueta de “8 ½” (1963), el gran clásico de los extraterrestres sin piedad de la original “La guerra de los mundos” (1953).

Recorri la filmografía de Bergman, de Sica, Tornattore, Kieslowski, Kurosawa, Ford, de Palma, Luna, Buñuel, Fernandez, Tarkosvky, Polanski. Encontre a Woody Allen en “El dormilon” (1973) y “Annie Hall” (197). A Dennys Arkand y su “Jesus de Montreal” (1989). Por primera vez entendí porque Pier Paolo Pasolini en “El evangelio según San Mateo” (1963). Entendi la obsesión fílmica de Hitchcock cuando pasaron “Intriga internacional” (1959).

Pero hasta mi gusto por los filmes de ciencia ficción se acrecentó… filmes como “Vino del espacio exterior” (1953), el gran Klaatu bajando de su nave espacial en “El día que la tierra se detuvo” (1951), aquel terror de no saber en quien puedes confiar en “Invasores de cuerpos” (1953), incluso un escorpión gigante aterrorizando la ciudad de México y abatido en la cancha de CU como lo fue en “The Black Scorpion” (1957).

El ver esas películas me hicieron enamorarme por completo del cine e incluso considerar que mi vocación era la dirección cinematográfica. Hoy Gustavo García se encuentra delicado de salud y están pidiendo ayuda para los gastos médicos, estos son los datos para poder ayudar.

Cuenta bancaria SCOTIABANK
00103377769
a nombre de Claudia Elena Hernández Ojesto-Martínez
Clabe. 044180001033777696
Sucursal Universidad Copilco.

Hoy por hoy yo le debo muchísimo al señor García por mi afición al cine. Nunca fui su alumno, nunca estuve con el en la Facultad de Ciencias Políticas o en el CUEC, pero para mí, sus platicas y su forma de entender el cine me impacto de tal forma que ahora no puedo vivir sin mirar una película nueva cada día, explorar a un nuevo director o captar la sensación de un movimiento de cámara, de un encuadre enfocado o un tiro hacia un plano exterior que podría entender el infinito.
Hoy por hoy, cada vez que quiero expresar mi amor al cine, solo puedo acordarme de la ultima escena de “Cinema paradiso”, aquel donde Toto puede por fin ver aquel carrete con la edición de las escenas que tenía que cortar Alfredo para que la película se pasara sin censura. Aquellas lágrimas de emoción es lo único que puede expresar de alegría y recuerdos sin palabras.

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