“47 Ronin”: el declive de Keanu Reeves

 

 

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No puedo permitirme cerrar mi cabeza cuando veo una película mala. Si yo siento que va por ese camino, prefiero divertirme y verle todos los defectos que pueda y después reírme haciendo comentarios chistosos sobre él. Terriblemente eso fue lo que me pasó cuando pude ver “47 Ronin” (2013) del director Carl Rinsch, con la cual debuta en el circulo hollywoodense… con un mal paso.

La historia nos cuenta una célebre leyenda japonesa… la de los leales 47 Ronin, muy popular en el país oriental y que se crea pasó entre los años 1701 y 1703, haciendo más famosa la leyenda de los samuráis y acrecentando su valor en la cultura del Japón. Se me hace raro, con estas bases históricas y el profundo aprecio que se le tiene a estas raíces asiáticas, que un norteamericano se atreviera a, por decir algo, mancillar algo tan sagrado de los nipones.

Situemonos en el Japón antiguo, donde un niño con un pasado desconocido y con sangre mestiza entre japonés y británico llega a las tierras de la aldea de Ako, donde es recibido con malos tratos y siendo discriminado por sus orígenes impuros. De grande, conocemos que su nombre es Kai (Kenau Reeves) y es aceptado por el gobernador Lord Asano (Min Tanaka) solo para convertirse en una especie de renegado que sirve como puede a todos los samuráis y campesinos que viven ahí.

La historia se torna interesante cuando el gobernador de la tierra contigua, el maestro Kira (Tadanobu Asano… que coincidencia) y una mujer con poderes sobrenaturales llamada Mizuki (Rinko Kikuchi de la cual reconocemos por “Pacific Rim” (2013) con mejores resultados) arma todo un plan para que el hombre pierda no nada más el duelo de samuráis que se celebra con el gran emperador del Japón, sino que tiene que morir por sus propias manos para no perder el orgullo de su linaje ni de sus tierras.

Todo esto ante los ojos de su hija Mika (Kou Shibasaki) y su segundo al mando, e samurái Oishi (Hiroyuki Sanada, quien ya vimos también en “Wolverine: Inmortal” el año pasado). Los fieles samuráis son expulsados y ahora serán llamados “Ronin” o “Samurais sin maestros”. Pero Oishi no se quedará con los brazos cruzados, y con la ayuda de Kai y los otros 47 Ronin que quedan, buscaran venganza, a pesar de que esto pueda costarles la vida.

Más allá de lo que he contado aquí, que básicamente es la premisa de la historia, las libertades poéticas que se atribuyeron los guionistas son francamente pobres. Sosa y repetitiva. Con chistes gastadísimos y de niños de primaria. Sin pasión o emoción. Parece que los actores están escupiendo las líneas en vez de transmitirlas. Y para tener un perfil de tensión, todos ponen caras de enojado como si esto los hiciera expresar emociones.

Y qué decir de Keanu Reeves. Rinsch trata de que el actor no hable lo suficiente para que no nos burlemos bastante de él. Pero se nota en decadencia y ya con una carga de años de fracasos cinematográficos. Ya no podemos ver a esa promesa que estuvo en “Speed” (1994) o “El abogado del diablo” (1997). Creo que solo quieren llamarlo para volver a recordarnos que fue el mismísimo Neo en “Matrix” (1999) y secuelas posteriores.

Porque, para acabarla de amolar, Reeves debe de cargar con el peso específico de ser el actor principal, pero a veces se pierde tanto en las escenas que ya no sabemos quien sostiene la película. Hiroyuki Sanada es un gran actor, pero suena hasta racista verlo en papeles del “antihéroe serio que se redime”. Rinko Kikuchi esta sobreactuada hasta morir, e incluso en muchas escenas suena como un villano reventón de películas fantásticas de los cuarenta. Pobre reparto que no logra llenarte el ojo para seguir aguantando las dos horas que dura esta cinta.

Y de lo rescatable… visualmente no hay nada que criticarle. La ambientación es estupenda y los efectos bastante decentes. En tercera dimensión no me sorprende tanto, ya que solamente hacen la conversión de imagen común a las profundidades habituales. Nada de que emocionarnos. Pero la fotografía es buena, el vestuario excelente y los planos detallados. Pero eso no puede salvar una historia que va del pastelazo al dramatismo sobreactuado.

Es una pena que una leyenda tan respetada sea mancillada por una producción americana que tiene hasta tintes de comedia intencional. Malos actores, música bastante mediocre (una pena que Atticus Ross no se haya involucrado al final, hubiera sido de mucha ayuda), carga actoral de la patada. Y me da más pena por Reeves, que parece ya no tener un buen agente que lo esté ayudando a conseguir buenos papeles.

Calificación: Mala. Pueden obviarla y esperar a que la pasen gratis en la televisión o en su sistema de películas en línea de su preferencia. Creo que ni  los fanáticos de la cultura japonesa o seguidoras del desgastado Kenau la salven.

 

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